Allen Koningsberg aka Woody Allen en una de sus mejores cintas. Annie Hall es una de las mejores comedias jamás vistas gracias al guión y a la figura del escuchimizado protagonista.
El argumento es muy simple: La evolución en la relación sentimental de una pareja. Eso sumado a algún flashback de amores anteriores es todo. En un principio, resulta fácil decir que el argumento flojea. Pero yo ya no creo eso. En todas las comedias románticas se cuenta una historia de amor, pero Annie Hall no sigue los patrones del resto de comedias facilonas.
Frenéticamente se disparan los chistes y las anécdotas al espectador, que no tiene ningún segundo para aburrirse y relajarse. Se podrían recordar todas las escenas por separado, ya que los chistes ingeniosos e inteligentes son realmente hilarantes.
Las técnicas utilizadas también son bastante innovadoras. Fusión de imágenes para crear el alma de Annie Hall saliendo del cuerpo, Woody Allen tuteando al espectador, haciéndole cómplice de sus irreverentes valoraciones. También destaco la aparición animada de Woody Allen en Blancanieves, muy divertida.
Me han encantado las parodias de ciertos estereotipos. Muy buena la escena con el crítico pedante (al que todos nos parecemos un poquito), la del megalómano televisivo, la feligresa de Bob Dylan… Es como si de forma inteligente hubiese decidido burlarse de tantos y tantos estereotipos con un resultado admirable.
La dirección también es muy irregular, en el sentido de alternar planos lentos y conservadores con planos secuencia y cámara de mano. Las escenas cortas se compensan con planos fijos y largos. Perfecto.
Los actores han sido escogidos muy bien. Woody Allen es el que lleva toda la carga cómica. Es un genio. De este filme han quedado numerosas citas que se han parafraseado mil veces. Allen fue nominado al Oscar como guionista, director, película y actor. Ganó todos menos éste último, aunque no fue a recoger el premio porque tenía que tocar el clarinete.
Diane Keaton está espléndida. Corren rumores de que toda la cinta esté basada en la propia historia de amor entre Keaton y Allen. Ella es una mujer imperfecta, culta, desesperada y con mucho sentido del humor. Muy guapa, por cierto.
El resto del reparto también está muy bien escogido. Paul Simon (el famoso cantante) y algún cameo más por ahí dan su granito de arena a la comicidad e la obra.
Por otro lado, la historia de amor es casi la utopía de freaks, geeks and losers del mundo. Me recuerda a otras historias de amor actuales donde el feo se queda con la diva, como Chris Martin y Paltrow o Sarkozy y Bruni.
Como cabe esperar, la película ha sido mil veces copiada, homenajeada y plagiada. Recuerdo con cierto agrado películas como When Harry met Sally y Something’s gotta give.
Cuando pienso en las nuevas comedis que quieren ser innovadoras, ingeniosas y atípicas, me doy cuenta de que Annie Hall ya lo supo hacer como nadie hace 30 años.
El Novio de mi Madre es una de tantas comedias que pretende ser atípica y ocurrente; aunque sólo lo consigue durante algunos escasos pero hilarantes momentos. El título debería ser, ya desde el principio, mucho más pegadizo; algo así como PS: I love you y en realidad lo es, sólo que en España no se sabe traducir. El título original es I Could Never Be Your Woman, algo así como “Nunca podría ser tu mujer/chica”
La directora y guionista es Amy Heckerling. Suelo tener cierta empatía por los cineastas que son a la vez directores y guionistas porque me parecen emprendedores, valientes y pluriempleados.
Pero esta vez, la historia falla. Para ser conciso, el argumento no falla sino que se repite. Una mujer cuarentona se enamora de un joven apuesto, inteligente y apasionado a la vez que sufre una crisis personal y educa a su hija. Original. A esto se le puede añadir que la mujer es la productora de un programa sobre y para adolescentes; su hija es entonces una gran fuente de inspiración.
Tras esta fachada argumental tan poco atractiva, llama la atención el genial reparto. Por un lado está Michelle Pfeiffer como la protagonista, Paul Rudd como el joven y Saoirse Ronan en el papel de la hija.
Michelle Pfeiffer no defrauda. Sus intervenciones a veces resultan hasta graciosas. Dentro de lo tópico de las cuarentonas en crisis, se podría decir que la ex-Catwoman realiza una fiel, creíble y casi entrañable interpretación. Aunque en realidad ella esté más cerca de la cincuentena, han desaparecido sus arrugas. Resultan algo irónicas las constantes críticas a la cirugía estética por parte de la operadísima actriz en la película.
Paul Rudd me ha sorprendido también. Nunca habría pensado viendo a este actor que podría llegar a resultar divertido, gracioso, entrañable y guapo. Yo pensaba que era más bien soso. La verdad es que en esta película no me ha parecido insulso y eso ya es bastante bueno. Poco más que decir, hace lo que le mandan y pone cara de tonto mientras le brillan los ojos. Es el estímulo en la cinta de jóvenes y treinteañeras. Aunque en la película tiene 29 años, en el rodaje contaba con 37 abriles.
Y para mí, lo mejor de la película es Saoirse Ronan. Ella es la niña. Me sonaba mucho, pero hasta los créditos no descubrí que la protagonista infantil era la extraordinaria actriz de Expiación. En esta película, ella es el aliciente y la gracia. Además, demuestra que no se dedica únicamente a dramones y puede llegar a ser una actriz emotiva en las comedias. Aunque también es debido al guión, los mejores gags corren a la cuenta de la pequeña gran Saoirse.
También aparece reinventando a Pepito Grillo, Tracey Ullman, como conciencia madura e “irónica” de Pfeiffer. Nada relevante.
La dirección y la iluminación sí que me han dejado completamente confundido. A alguien, se le ha ocurrido la maravillosa idea de sobreexponer cada fotograma de la cinta. De esa forma, no se pueden apreciar las arrugas de Pfeiffer y todos parecen más guapos, con un aura angelical. Pero este efecto también hace que no se vean las narices de los actores y que todo se vea excesivamente claro. Un desastre.
Superando alguna idea absurda y fracasada, se salvan algunas referencias en el metraje. Son muy buenas las alusiones al mundo del cine actual. Sobre todo, los insultos dirigidos a la cirugía plástica y las bromas con la generación de Michelle Pfeiffer. Todas las escenas de Saoirse resultan entretenidas. En el principio, algunas llegan a ser ingeniosas.
Pero para mí, lo mejor de la película es la canción de la niña al final. Con la música de la famosa canción “Ironic” de Alanis Morissette, le ha cambiado la letra para cantarla en un concierto. Las mofas y referencias a Bush, Michael Jackson y la nueva generación de famosas como Paris Hilton son los temas de la canción. El título, en vez de ser “Ironic” es “Moronic” (algo así como “que tiene el pavo”). Resulta curioso, que esta canción no se haya traducido ni subtitulado en la versión española. Se pierden los hispanohablantes lo mejor de la película. Además, la joven irlandesa canta de fábula. Recomiendo el visonado en Youtube de la canción aunque sea.
Entonces, lo que se presenta es una feel-good comedy bastante monótona y aburrida si no fuera por la joven Saoirse Ronan y alguna que otra referencia mordaz a la jet set actual.
Últimamente estoy repasando el cine de protagonista colectivo y unos de los referentes de este estilo post-moderno es Magnolia, de Paul Thomas Anderson, guionista y director también de There Will Be Blood.
Se estrenó en aquel maravilloso y prolífico año del 99. La competencia con filmes como American Beauty, Fight Club, The sixth sense, The Matrix, The Green Mile hizo que Magnolia no tuviera un reconocimiento importante por parte de la Academia, aunque la cinta no lo necesite.
Anderson, después del éxito de la anterior Boogie Nights pudo hacer lo que quisiera con total libertad en su siguiente filme. Para ello, repitió con casi todos los actores y creó una película innovadora, sin temor a las críticas ni a las ventas.
Estimar la calidad de Magnolia es más difícil incluso que seguir la trama. El filme, de más de tres horas de metraje, cuenta la historia de siete personas en San Diego cuyas vidas se entrelazan.
Los primeros seis minutos de la película son fabulosos, intrigantes y discurren a un ritmo vertiginoso. Se consigue perfectamente encaminar el desarrollo de una película, dejando claro sus características: atípica, con un ritmo inusual, global y extraña.
Como sería lógico, la siguiente escena bajo la versión de “One” sigue sorprendiendo al espectador, que parece que va a ser incapaz de relacionar la vasta información que se puede llegar a proporcionar durante una canción.
A partir de ese momento, las historias que se cuentan pertenecen a personajes relacionados entre sí cuyas vidas tienen patrones similares. Todas las tramas principales y los personajes principales tienen la misma importancia. Ninguno aburre y ninguno desentona quizás debido a la similitud entre personajes.
Las tres horas no se hacen largas (ni cortas) y transcurren con la ayuda de un director que ha incluido todos los recursos efectistas que ha podido. Este es uno de los puntos negativos de la obra. También, hay alguna subtrama que queda poco trabajada, como es la del niño rapero. No se entiende muy bien el crimen del principio, por ejemplo. Algunos detalles así, como el excesivo planteamiento que pretende abarcar demasiadas cosas hace que Magnolia no pueda ser calificada como excelente.
Pero el resto es perfecto. Los personajes, todos depresivos, parecen la deformación de los distintos momentos bajos que podemos tener en cualquier etapa de nuestra vida. Desde el niño pequeño al más anciano; viviendo depresiones, adicciciones, infidelidades y enfermedades, se pretende abarcar las dificultades que tiene la existencia del hombre durante su vida. Y lo que nos crea esos problemas es nuestra propia consciencia. Como dijo Kierkegaard, parece que Magnolia quiera probar lo más fielmente posible que después de todo, lo que pesa y lo que guía al ser humano es la Angustia Vital.
También parece querer exponer que hay algo en este mundo, se puede llamar religión, que mediante casualidades mueve las pequeñas historias humanas. Desde el primer momento se afirma “Because strange things happens”. Por ello, varias casualidades y relaciones, muchas metafóricas (como la genial lluvia de ranas), ocurren durante las interacciones del filme.
El reparto está increíblemente acertado. La primera mención es para Tom Cruise, que hace un papelón. Interpreta a un líder espiritual algo trastocado que salta por los sofás en las entrevistas. Por este papel fue nominado al Oscar. Casualidades de la vida que 8 años más tarde, Cruise sea visto como fanático líder religioso que salta por los sofás en las entrevistas con Oprah…debió meterse mucho en su papel haciendo este filme.
Philip Seymour Hoffman, William H.Macy, Julianne Moore, Felicity Huffman, John C. Reilly, Melora Walters… caracterizan extraordinariamente bien a sus personajes. La mayoría de estos actors están considerados como los grandes actors secundarios del cine americano y eso es lo que son en esta película.
El niño, Stanley (Jeremy Blackman), hace una gran labor aunque su carrera no haya despegado después de la película.
Aimée Mann es otra importante baza de la película. Ella es la que interpreta casi todas las canciones de la banda sonora. El momento culmen de la película, antes del desenlace final, cuando todos los personajes cantan junto a Mann la canción “Wise Up” es muy emotivo. Recomiendo la búsqueda en Youtube. Aunque sea efectista y sensacionalista, me encanta.
Para acabar, únicamente puedo loar al máximo responsable de esta obra de arte imperfecta Paul Thomas Anderson. Su capacidad como director y guionista ha hecho que su persona sea de las más alabadas del panorama estadounidense actual.
En esta película, el montaje, las reconstrucciones de los hechos y la imaginación utilizada evocan un cine fresco y profundo, lejano del mundanal ruido comercial. El resultado final resulta onírico, como un poema conceptista que acumula numerosos temas muy importantes en un espacio muy corto. Existen muchos detalles muy buenos que obligan casi a un segundo visionado.
Magnolia es un filme inteligente e impactante. La capacidad innovadora del director y la profundidad del mensaje crean una atípica obra de arte, imperfecta a la par que emotiva.
James Gray, guionista y director de filmes bastante similares, vuelve con sus dos actores fetiche Mark Wahlberg y Joaquin Phoenix a hacer un drama policíaco.
Después del visionado y la consiguiente reflexión, he encontrado que tengo muy pocas cosas malas que decir pero tampoco he encontrado cosas buenas que mencionar. En resumen, muy correcto drama que no consigue cubrir las pretensiones del director que hacen del filme un producto más bien prescindible.
La dirección es buena, mejor dicho, correcta. James Gray sigue haciendo lo mismo de siempre, a ver si nos sorprende un poco en su nueva película presentada en Cannes. Su labor no resulta innovadora en ningún aspecto, pero mantiene el nivel acorde con la calidad general del resto. En algunos momentos, la música y las tomas pretenden intensificar una carga dramática que no existe, porque la historia no consigue producir ninguna sensación emotiva en el espectador.
En cuanto al grupo interpretativo, ya se sabe, actores de renombre. Robert Duvall con Oscar, Joaquin Phoenix con dos nominaciones y Wahlberg con una. Pero ninguna de estas tres actuaciones sobresale notablemente. Quizás Duvall y Phoenix sobrepasan a Wahlberg, que no alcanza ni de lejos el nivel de Infiltrados. También tiene papel Eva Mendes (Ghost Rider, Training Day, Hitch..). Su función en la película más que actuar es proporcionar erotismo. Para ello, se incluyen tórridas escenas de amor que carecen de sentido, pero así piensan que van a vender más. Con estos detalles, se nota la calidad de una película que sólo pretende crear un filme a la carta. Al final, ya parece que consigue que la dejen actuar un poquito. Curiosamente, cuando empieza de verdad su trabajo interpretativo, aparece mucho más fea.
James Gray vuelve a escribir el guión. El argumento contiene mucho más fuerza dramática de la que luego se encuentra en la película. Por algún lado ha perdido fuelle Gray. La tensa relación familiar y los problemas de la novia de Bobby son realmente buenos conflictos que retratar, pero casi no se les da importancia. Después del primer giro argumental, la película destapa toda la intriga que pueda tener para contarnos cómo va a ser el final, una hora antes del desenlace. Aunque supongo que es pura casualidad, percibo muchas similitudes con American Gangster, aunque la calidad de ambas sea tan dispar.
Poco más que decir. La noche es nuestra es previsible y a veces pretenciosa. Incluso así, resulta entretenida y ágil aunque al fin y al cabo sea un producto totalmente innecesario.
Estaba en deuda con el director y guionista Michael Haneke por la cantidad de sensaciones y pensamientos que me provocó con Funny Games. Así, me decidí por ver Código desconocido.
El planteamiento es original a la par que innovador y queda muy bien resumido en el subtítulo: “Réplet incomplet de divers voyages” o sea “Relato incompleto de diversos viajes”.
La película busca criticar a la sociedad desde dentro, enseñar de forma clara la violencia y la marginación que existe intrínsecamente dentro de la nueva sociedad europea, que ataca transversalmente a los integrantes del primer mundo. Con una mano firme, Haneke nos muestra el lado oscuro e incómodo de Europa, los prejuicios, el racismo (tanto de blancos a negros como viceversa), las diferencias entre culturas, el fracaso y las falsas promesas, la inseguridad actual, supersticiones, injusticias…
Los dilemas que en Code Inconnu aparecen no tienen [fácil] solución, quizás sea cuestión de tiempo, o no, o quizás estamos yendo a peor. La sensación final que me dejó la película es de tristeza e impotencia. El director austriaco, con su particular estilo sobrio y provocador, plantea problemas a los que la sociedad da la espalda pero que a todos nos afectan.
Entonces, sabiendo esto, hay que agradecer la siempre presente valentía de Haneke para afrontar la película. Es un reto muy difícil. Para ello, decide filmar trozos casi aleatorios de distintas vidas que en el fondo están conectadas. Ninguna historia tiene fin. De ahí decir que es un relato incompleto. La sociedad como tal, la nuestra, no finaliza hasta que sus integrantes lo decidan, como la película.
El resultado visual de esta idea consiste en una serie de escenas que se suceden entre cortinillas en negro donde se intenta transmitir mediante pinceladas una situación dramática global. En el cine independiente o no comercial actual, se busca muchas veces conseguir representar una situación en vez de una historia. Aquí no existe ninguna historia, ni intriga ni final, toda la película es un intento de explicar una situación. Hay a quien le guste esta forma de hacer cine y a quien no. Para aquellos que no les gusta, calificarán a Haneke de pedante y pretencioso y puede que llegue a serlo de vez en cuando.
Pues bien, aquí llegan los problemas. El primero es la gran irregularidad que existe entre las distintas escenas. Hay algunas escenas de gran calidad técnica y artística, pero en cambio otras parecen vacías de contenido y que sólo tienen cabida en el filme para alargar el metraje.
El principio y el final: alfa y omega, me han apasionado. Las metáforas de los sordomudos y la tristeza de la última escena, donde nadie está contento pero no se puede encontrar la causa… Perfecto.
También la segunda escena, la primera después de los créditos me ha gustado mucho. Me parece que resume muy bien la idea de la película en dos minutos cambiando las vidas de muchas personas por un accidente banal y ordinario.
Pero durante el desarrollo, hay pasajes que buscan tanto el minimalismo que no se llega a entender el mensaje. Como consecuencia de estos deslices, el ritmo lento en ocasiones se hace demasiado pesado.
Tampoco me parece clara la conexión que existe en algunas historias. Por ejemplo, los rumanos resultan distantes e inconexos hasta el final donde ya se entiende un poco por donde van los tiros. Hasta los últimos diez minutos, parece que el panorama rumano sólo busca contrastar con París. Estos y otros momentos inconexos hacen que no se recupere el sentido de la película hasta la última media hora.
Detalles magníficos en cambio no le faltan a esta obra. Incluso ha habido momentos que me han encantado aunque después no les he encontrado ningún sentido dentro de la esencia de la película. Será pura belleza lo que consigue crear Haneke a veces. La idea del fotógrafo con el obturador de mano, Binoche en el metro y el desenlace de la mujer rumana conforman los detalles por los cuales Code Inconnu no puede pasar despercibida.
Juliette Binoche es sin duda otro gran acierto. Es una grandísima actriz y bellísima que representa el papel más difícil de todos. Ella es una mujer burguesa, actriz que busca engañarse a sí misma con un falso altruismo hacia los demás. Su papel es complicadísimo y podría haber caído en la ausencia de sentido si no llega a ser por Binoche, que llega a hacer que su personaje tenga la mayor importancia y que los demás, secundarios, giren en torno a ella. Es lógico que Haneke y muchos otros directores se hayan rendido ante ella. Seguramente, el personaje que interpreta, Anne, es con el que más se identifica a la nueva clase media de la UE.
Como conclusión, Código desconocido es una película que abarca demasiado con su planteamiento y a la hora de ponerlo en práctica Haneke realiza una labor algo irregular. Su visionado a veces se vuelve lento, pero ciertos detalles magníficos hacen que recomiende esta extraña obra coral.
Clint Eastwood mató el cine del Oeste en 1992, sin perdón.
Acabo de ver la película por la que el famoso cineasta ganó el Oscar al mejor director (y tres más). Todavía estoy sobrecogido por su belleza. Pero no es sólo la película en sí lo que me emociona. También es importante comprender en qué contexto fue lanzada esta obra maestra.
El cine del Oeste, el ‘western’ (permítanme el anglicismo), había sido el género por excelencia durante años en la historia del cine. Por todos es sabido esto, pero también tiene su lógica. El cine, era casi el único divertimento posible para la mayoría de la población, y lo que la gente quería ver era acción, amor, heroicidades y finales felices.
Como consecuencia, todas las películas de este género que se fueron creando a lo largo de la segunda mitad del s.XX eran previsibles, maniqueas y faltas de trasfondo alguno. Como siempre, había mejores y peores, e incluso algunas son obras maestras; pero las películas del Oeste en sí, empezaron a perder fuelle en los 80. En la década de los 90, la crisis de este género era clara. La gente y los cineastas buscaban algo más que el entretenimiento más pautado.
Entonces, apareció esta película y fue vista como un western de calidad, adaptado a la nueva estética y ética de los tiempos que corrían. Podría haber sido Sin perdón un‘revival’ del Westen, pero no lo fue. Yo creo que la causa está clara. Es casi imposible hacer con frecuencia películas con tanta calidad como ésta. Fue así como se enterró el género, con algunas excepciones extrañas de vez en cuando.
Más que un renacimiento, Unforgiven supuso el fin del género como tal. La película se olvidó de héroes, de indios, de obviedades, de acción, de mujeres bellas y honorables. El amor había muerto, no aparece ningún atisbo de grandilocuencia. Los personajes de la película luchan por vivir en una época que está cambiando, y que está dejando atrás trifulcas y rifirrafes en busca del honor y falacias del estilo. Los personajes son todos unos desengañados, que tienen que buscar causas externas para justificar su comportamiento. El dinero, la nueva vida del Este, ha vencido a los vaqueros. La nostalgia es un elemento importante al igual que ésta película recuerda nostálgicamente viejos tiempos donde siempre había una película del Oeste en el cine. Sin perdón es casi un esperpento.
Aparte del significado contextual que tuvo la aparición del filme, la película en sí contiene una gran historia, una fábula épica adaptada a los nuevos tiempos de resignación.
Uno de los grandes aciertos es la elección del título, de una sola palabra, tan ambiguo como la personalidad de los personajes. En realidad, Unforgiven significa literalmente ‘no perdonado(s)’ en vez de ‘sin perdón’. Entonces, la pregunta necesaria es quién no recibió el perdón. Al principio estaba claro, pero mientras se desarrolla la película, el espectador se da cuenta de que quizás todos hubiesen necesitado ser perdonados por alguien en algún momento. También cabe destacar que la protagonista teórica de la obra está muerta desde el primer minuto, como si no existieran protagonistas, y todas las personas que salen en pantalla fueran secundarios.
Clint Eastwood como director está soberbio. Con muy buena mano y una factura sobria consigue proporcionar ese grado de solemnidad, seriedad que necesitaba la película. Pero no sólo eso. Se podría decir que dentro de lo innovador que es el filme, las técnicas de dirección empleadas son bastante convencionales. Sólo hay una escena de pocos segundos con cámara de mano, y los planos secuencia son escasos, muy medidos y poco llamativos.
La fotografía y la dirección artística, sublimes. Pocas veces he podido disfrutar tanto del horizonte con una película. Es una pena que no pude verla en su día en el cine.
El reparto también está escogido con mucho acierto. Empezando por el actor principal Clint Eastwood. Su imagen estará siempre asociada a las mejores películas del Oeste. Y fue él mismo quien terminó acabando con el género. Gene Hackman, Morgan Freeman y Richard Harris, todos con una gran experiencia no defraudan. Es más, gracias a la calidad interpretativa de los protagonistas la historia no llega a alcanzar el absurdo que en esencia contiene.
Pero también los secundarios reclaman importancia con sus breves pero excelentes apariciones en pantalla. Recuerden el comunicador rostro de la mujer de Ned (Freeman), la empatía que hacen sentir las prostitutas. Quizás me ha costado un poco más tragarme el trabajo de Saul Rubinek en el papel del escritor W.W. Seguramente, son manías mías, pero me parece que sobreactúa demasiado.
Qué decir de la música, que aparece en pocos momentos, pero con gran intensidad.
Aunque no todo es perfecto. El desenlace, ya bastante previsible (como tiene que ser), tiene un ritmo lento que hace que la película se extienda demasiado en metraje. Aunque bajo mi punto de vista, es un mal menor.
Eso es todo. Me quedo con la imagen de Clint Eastwood con el rifle apuntando a cámara y la pregunta que le hace su amigo The Kid:
Dirigida por el aclamado director Guillermo del Toro, creador de filmes tan elogiados como “El Laberinto del Fauno”, Hellboy II: El Ejército Dorado es la nueva película basada en superhéroes. Por lo visto, todavía no se va a finiquitar esta saga de adaptaciones cinematográficas, mal que me pese.
Comienza dejando claro la falta de ambiciones de otro producto taquillero más. El grueso del argumento se desarrolla en los 30 primeros segundos en un intento de recreación televisiva de los hechos. Resultado: la película es únicamente el desenlace de una historia tópica de fantasía que no tiene por donde cogerla.
El argumento es muy, muy flojo. Incluso me atrevería a decir (permítanme la osadía) que Del Toro no ha hecho un gran trabajo. Las imágenes que se recrean son, o deberían ser, insólitas e impactantes; pero fracasan y sólo consiguen hastiar al espectador en lugar de sorprender. Peleas en un complejo sistema de engranajes mortales, bichos que crecen enormemente, bosques en Manhattan, rocas con forma de humano que se abren en medio de Irlanda… pero quizás su fuerza visual no es suficiente, o quizás el espectador se ha habituado a tanta fantasía que las escenas están muy lejos de sorprender. También existen algunos deslices en ese mundo creado por ordenador, donde, por ejemplo, el hermano de Hellboy parece un freak en Carnaval que desentona del resto de bichejos amorfos.
Y sigo con mi ensañamiento con Guillermo del Toro, porque él es el mayor culpable de este bodrio cinematográfico. El guión recurre a tópicos constantemente de una forma descarada. Últimamente, cuando una película se llena de clichés se dice que es un filme que transcurre con grandes dosis de humor inteligente y parodia, cuando su fin está a años luz de parodiar. No se confundan, porque los abusos humorísticos de esta película no son cómicos y la intención del filme no era la de parodiar a subproductos ínfimos de superhéroes como éste. Cuántas veces hemos oído: “¡Échame una mano!” y el prota recibe una mano literalmente. Ingeniosísimo. Con ese ritmo a 45 r.p.m.
La película no llegaría a ser insultante si cumpliera con lo que esencialmente promete, puro entretenimiento. Y en cierto modo lo hace hasta llegar a la hora de metraje. Durante eternos minutos se desata una pelea con un Dios del Bosque en Maniatan, con mucha acción y un ritmo puramente hollywoodiense. El caso es que se le da tanta importancia en el filme a contratiempos pasajeros como éste que a partir de ese momento, todo lo que no llegue a ese nivel de acción aburre. Los minutos a partir de la batalla se hacen demasiado largos y no se consigue llegar a la intensidad deseada hasta llegar casi a los créditos.
Del plantel interpretativo no queda mucho que destacar. Hacen su trabajo como tienen que hacerlo, repitiendo gestos de otras películas, como deben hacerlo para no llegar a innovar en ningún momento. Innovar parece peligroso en el arte de crear blockbusters.
Alguna escena se salva de la mediocridad gracias a (ahora sí) el director, que no llega a echar por tierra todo su talento en esta secuela. Algún interesante cenital de Hellboy sobre los rótulos de un hotel y algún que otro detallito curioso.
La película será un nuevo blockbuster con muy poca calidad, como nos tienen acostumbrados. La fantasía es tediosa y la imaginación no rebosa tanto como prometen. El humor fácil y los efectos especiales no podían faltar junto con algunos momentos muy medidos y controlados de ‘pseudocarga’ dramática. Un producto de masas dirigida por un Del Toro que en esta ocasión se ha entregado al entretenimiento más vulgar.
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