Este pequeño documental de la BBC que cuenta la historia del hombre que cruzó las Torres Gemelas fue la sorpresa en la entrega de los premios BAFTA (los Goya británicos). Superando a “Slumdog Millionaire”, ganó el premio a mejor película británica del año. Era la primera vez que un documental lograba tal distinción.
Quizás es que no nos encontramos sencillamente ante un documental, sino frente a una nueva forma original de hacer cine, de contar historias mezclando recursos de todos los medios audiovisuales posibles. Con una fantástica banda sonora original, cogiendo imágenes del pasado, reconstruyendo escenas y con un gran montaje el producto final es extraordinario.
Se cuenta la historia de un acróbata francés, excéntrico hasta resultar patológico, que soñaba con cruzar las Torres Gemelas. Técnicamente, “Man on Wire” es perfecta. Utiliza muchos recursos cinematográficos como la polivisión, alterna escenas en color y en blanco y negro, y todo bajo la estructura clásica de un documental. Los personajes reales, se auto-interpretan en un justo equilibrio entre la técnica de los grandes actores y la espontaneidad de las personas reales que son.
Pero no es la forma lo que hace destacar esta película. Es la carga emocional de la historia, el suspense vertiginoso, las sensaciones que produce lo que hace tan especial esta historia tan bien contada. Y toda esta mezcla de técnicas, sensaciones e historias desembocan en un fantástico final donde los personajes que contaban sus anécdotas se convierten en personas y donde ese pasado tan fantástico se materializa y se hace real en el presente.
Aunque quizás se excede un poco en metraje, “Man on Wire” consigue ser original, preciso y conmovedor al mismo tiempo. Una pequeña obra de arte vertiginosa.
Todas las películas se pueden dividir en dos. Las que se hacen con talento y las que no. A partir de ahí, la falta de talento se puede contrarrestar con mucha constancia y el talento se puede desaprovechar. Esta película no tiene talento (en ningún aspecto) y no ha sido bien trabajada.
En este caso, la película se titula en la versión original The Air I Breathe y se ha traducido por Cuatro vidas. Además esta película ya se grabó antes de los Oscar del año pasado cuando Forest Whitaker ganó la estatuilla, y ahora con el prestigio se ha estrenado en España. El filme nunca debería haber llegado a nuestra península. Nos habría ahorrado una hora y media de aburrida acción. Es curioso que ya hubiera salido en otros países en DVD, antes de su estreno en España.
Es lógico que no me ha gustado nada. No me gusta que me insulten, que me traten como a oligofrénicos, que intenten mandar mensajes estúpidos de forma subliminal. Todo lo que se ve es un absurdo, que me voy a poner a diseccionar ahora mismo; pero que no tiene mucho que explicar, porque me parece difícil encontrar algo medianamente bueno.
Últimamente, aquellos cineastas sin talento que citaba antes se dedican a plagiar sin pudor otros filmes con talento. No hablemos de influencias, por favor, cuando este filme es un ejemplo teórico de plagio. Coge trozos de Crash, Babel, Traffic, El Efecto Mariposa y prueba haber si sale algo con consistencia.
Todo está basado “presuntamente” en un proverbio chino que dice algo así como que la vida tiene cuatro fases: felicidad, placer, sufrimiento y amor. Las “cuatro vidas” de los cuatro protas simbolizan una de estas etapas. Qué curiosidad tan ingeniosa que ninguno de estos cuatro personajes tengan nombre. Sólo una de los protagonistas tiene un nombre ficticio, Trista (que creo que tiene algo que ver con triste/sufrimiento).
Las reflexiones calcadas de Crash, pero sin sentido, se disparan hiriendo al espectador. Parece que los personajes intentan ver quién dice la tontería más sensacionalista y pedante.
Tampoco podía faltar la acción. Ya saben, para las escenas de puñetazos, lo que hay que hacer es mover mucho muchas cámaras y consolidar mediante el montaje una reproducción de los hechos que maree. Después únicamente hay que añadir gritos. Así una detrás de otra, el pobre espectador que ha pagado su entrada y las palomitas comenzará a tener náuseas.
En otras ocasiones, es fácil adivinar todos los diálogos. Parece que el guionista se quedó sin “influencias” y tuvo que tirar de telefilmes para completar sus historias. Si no estuviera dispuesto a destripar la película, reconstruiría los hechos para que se pudiera apreciar lo absurdo que es.
Parece que otro tema que vende mucho son las reflexiones morales, las decisiones éticas tan difíciles de tomar y las citas filosóficas. No podían faltar entonces. La pseudo filosofía y una ambigua moral atacan persistentemente la conciencia del que vea el filme.
¿Qué más faltaba para que este subproducto cutre triunfara? Unos actores reconocidos, que además ha tenido su recompensa porque Whitaker ganó el Oscar ya hace dos años. La lista la encabezan el casi siempre infantil Brendan Fraser, Andy Garcia, Emile Hirsch, Julie Delpy, Whitaker, Kevin Bacon y Sarah Michelle Gellar (Sí, la poco agraciada actriz de la poco agraciada serie, Buffy cazavampiros). Quizás el único que se salva un poco es Whitaker, pero el resto está penoso. Me cuesta decidirme por los peores. Hirsch se ayuda de clichés para hacer el personaje de un niñato. Brendan Fraser pone cara de tontito en todas las escenas y Gellar no se queda corta. El resto está como ausente, porque por mucho que se haya pretendido, los actores no tienen todos la misma importancia.
The Queen fue en su día un éxito y una sorpresa. Obtuvo 6 nominaciones a los Oscar (siendo éste un filme británico) y fue un éxito en taquilla. Cuenta la historia de la Familia Real Británicay el recién elegido Tony Blair y su reacción después de la muerte de Diana de Gales.
Durante la primera hora tenía la sensación de estar viendo un documental entretenido de la BBC. En realidad, esta película se puede considerar un documental, porque simplemente intenta contar unos hechos de forma más o menos objetiva, o eso parece. Después, poco antes de la hora de metraje, la acción se centra más en la deadencia de una mujer llena de poder y la personalidad tan humana de todos aquellos altos cargos. Me encanta eso.
El guión es muy bueno. Es difícil tratar el tema de la Familia y la muerte de la princesa de Gales con tanta seriedad, sin olvidar a la persona que se esconde detrás de cada gran figura. Es admirable cómo se consigue dar tanta vida y personalidad a una Familia real que es tan lejana y a la vez tan cercana. Además, el guión traspasa las fronteras de los géneros y los temas incluyendo elementos de documental, temas introspectivos, la decadencia de la Familia. Muy acertado está (desde el guión) el punto de vista del P. M. Blair, que al igual que nosotros somos meros cómplices de su incursión en una organización monárquica con tanta historia… Después de ver la película no pude evitar pensar: ¿Algo así podría hacerse en España? Vale que nuestro Rey y sus parientes son más discretos…pero nunca tendremos el carisma británico.
A crear la mezcolanza de géneros y temas ha ayudado mucho el gran Stephen Frears. La dirección y el montaje mantienen un alto nivel durante todo el filme, pero debo destacar ciertas escenas. Cómo olvidar la secuencia aérea de la caza, la narración del accidente de Diana o la más emotiva y metafórica, el estancamiento en el río de Isabel II con todo su equipo.
Helen Mirren nació para hacer este papel. Me deja sin palabras, pero parece que no soy el único. En la Mostra de Venecia el público estuvo aplaudiendo su actuación durante 5 minutos después de la proyección. Es escalofriante cómo alguien puede olvidar su identidad para convertirse en una persona tan compleja como la Reina de Inglaterra.
El resto del reparto no está mal, pero queda relegado a un segundo plano, porque con Mirren no hay quien se compare.
Si hay algo que no me ha gustado ha sido la caricatura física del primer ministro. Es banal e infantil, parece un muñeco del Guiñol, aunque el actor que lo interpreta hace que a veces nos olvidemos de su estúpida estética.
Quizás sea The Queen un documental maquillado de película o viceversa. Además, no se consigue coger el ritmo de la película hasta bien entrada en metraje. Tiene algún que otro fallo que no me hace mucha gracia; pero en el fondo, es un filme fantástico.
Han sido muy valientes los productores al invertir tanto en un tema tan polémico. Es lógico que si se hace bien, cualquier producto que mezcle a Tony Blair con la Familia Real Británica y con Diana de Gales es un éxito en las taquillas de Reino Unido. Pero algo más tiene que tener para que ese éxito se consiga a nivel mundial.
No les puedo decir si The Queen es para tanto como dicen, a mí me ha gustado bastante y me ha enseñado una cuestión muy de actualidad como es la monarquía, aportando argumentos desde todos los puntos de vista. Ustedes decidan, pero no duden a la hora de verla.
Sigo con mis comentarios sobre cine nórdico. No estoy descubriendo ninguna maravilla desconocida por el público internacional, ya que en general el cine por aquellos países septentrionales es tan irregular como el español. Reprise, sin poderse considerar una película de culto es de las mejores sorpresas que me he llevado.
Lo mejor de todo es la primera escena. En 3 minutos, mientras transcurren los créditos iniciales se desarrolla un relato donde el principal tema es la metaficción, además contado desde una perspectiva nueva y chocante. En el fondo, lo que se explica es que la ficción que aquí se cuenta es mentira, que lo que pasa podría no haber pasado y que igual que las circunstancias en una película cambian, de tal modo, podrían no hacerlo o hacerlo de forma distinta.
Si extrapolamos eso a la vida, nos encontramos ante las reflexiones del determinismo, tan concurridas desde el siglo XIX. ¿Quién decide en nuestra vida? ¿Hasta qué punto las circunstancias cambian mi vida o me cambian a mí?
Además, una vez contemplados estos dos puntos de vista, llegamos a la paradoja de la ficción. Todo lo que era una falacia, la película entera es tan real como nuestra existencia.
Por ese principio, por los minutos que le suceden y por el final, merece la pena la película. Durante el excelente comienzo, mi cabeza pensaba continuamente que me encontraba ante una pequeña obra maestra del cine independiente, sin pretensiones pero eficaz. Poco a poco me di cuenta de que algo fallaba, pero aún así Reprise perdura como un interesantísimo film, entretenido y profundo con algún pequeño error.
La técnica narrativa es muy novedosa. Con pequeños saltos en el tiempo, enormes rótulos para dividir la película, historias cruzadas, narrador omnipresente se estructura el filme, que sólo hay rellenar con una buena historia.
El contenido es entonces lo que falla en la película. La situación desde la que empiezan los personajes también me ha gustado. Y el desarrollo también. Hasta que llegué a la hora de metraje aproximadamente. Llega un momento en el que el ritmo decae, las estructuras narrativas innovadoras desaparecen y la historia comienza a divagar y llenar metrajes sin ninguna acción.
Cuánto le cuesta a las películas independientes llenar los minutos establecidos por el cine comercial. Ése es el único pequeño detalle que no me ha gustado de la película.
La dirección de Joachim Trier es fantástica. Sin duda, es un joven danés al que tendré que hacer un seguimiento. Además es el co-guionista de la cinta.
La fotografía no falla. Son muy bellas las escenas de exterior y los dos escenarios con los que se relaciona a París.
El montaje también tiene mucha importancia ya que a través de él se consiguen aplicar las técnicas narrativas antes mencionadas. Y lo consigue con solvencia.
Los dos actores principales soportan toda la carga dramática del filme. Anders Danielsen Lie y Espen Klouman-Hoiner se llaman, y apuntan a estrellas en su país. Me impresionó la sutil belleza nórdica de Kari. También aparece un actriz durante unos escasos treinta segundos, pero me recordó muchísimo a Keira Knightley. Me pareció que era ella. Creo que luego no sale en los créditos pero hacía el papel de una tal Ingrid.
Entonces, concluyo diciendo que es ésta una gran película europea, muy efectiva en su planteamiento que cuenta una gran historia sobre la amistad, la iniciación a la literatura y el fin de la juventud. Sólo en algunos momentos pierde el norte y su fuerza se diluye, pero pronto se recupera.
Increíble. A Clockwork Orange es la película más famosa de aquel al que llaman Kubrik. Tanto se ha escrito sobre ésta película que no creo que sea capaz de decir nada que no ha sido dicho todavía. Mordaces críticas al tratamiento de la ultraviolencia se alternan con adulaciones a la capacidad de dirección de Kubrik. El director y guionista se volvió a reinventar a sí mismo adaptando una controvertida novela y dejó claro que siempre es un genio innovador en todas sus incursiones en os distintos géneros. Personalmente, yo haría una excepción, ya que aborrecí la bochornosa Eyes Wide Shut.
No voy a contar el argumento de esta archiconocida producción de la Warner. Como curiosidad, el filme fue clasificada en 1971 como X.
Dentro del guión se diferencian dos partes claramente. Incluso la forma en la que están dirigidas las escenas cambian. La primera parte es la presentación de la “ultraviolencia” y la segunda parte comienza a partir de la rehabilitación.
No me ha gustado la cantidad de violencia expuesta durante la primera mitad. Nunca me han gustado los filmes que regalan violencia por el mero hecho de ganar espectadores y provocar controversia. Por eso no me suelen gustar las películas de Tarantino ni me gustó El Caballero Oscuro. En realidad, algunas escenas tan incómodas han sido lo que menos me ha gustado pero en este caso existe un factor por el cual no puedo maldecir las escenas de los drugos. Lo que tiene este filme por el que haré una excepción es la dirección de Kubrik y el montaje.
El guión está muy bien escrito, basado en la novela homónima. Como muchas veces con las grandes obras, el título es muy especial y puede llegar a tener una explicación que yo no voy a proponer. Sólo quiero hacer notar la extraña relación entre un título curioso y la calidad de un filme. Intenta contar el problema de la rehabilitación o el castigo de los criminales. Qué hacer con las personas violentas, con los violadores y con los asesinos. Es un tema que parece estar de actualidad, aunque siempre lo ha estado en realidad. También se encuentra presente el tema de la moral, ya que parece ser que no es ético forzar a un hombre a hacer el bien, privándole de su libertad.
El contenido es muy interesante, pero también lo es la forma. El narrador, el propio y único protagonista, Alex, con su particular carisma y forma de hablar engancha al espectador desde la primera escena, mítica. El inglés antiguo que emplea al hablar, sus redundancias y sus sobreactuadas maneras han hecho de Alex uno de los personajes más famosos de la historia del cine, que tantas veces hemos visto en camisetas.
Todo está supeditado a la labor de Kubrik y a la música. El montaje es magnífico y la elección de planos y los cambios en el ritmo y la omnipresente música de Beethoven. La recreación de la bizarra lechería, el vestuario, la creación de los drugos como iconos de una nueva juventud indomable, la sincronización de la música con el montaje; todo es sorprendentemente bueno.
La actuación de Malcolm McDowell ha sido demasiado para su carrera, que no ha conseguido llegar a tener un papel de tanta calidad en el resto de su carrera. Supongo que parte de la culpa de su espectacular estética la tiene el director, pero pensemos que McDowell tuvo cierta importancia en el papel de su vida.
Kunsten at graede i kor. Este es otro triunfo del cine nórdico de título impronunciable, en inglés se ha traducido como The Art Of Crying aunque más bien significa El Arte de Llorar en Coro. Ha ganado 8 premios en su país natal, ha sido la presentada por Dinamarca a la Academia de Estados Unidos y ha cosechado éxitos en taquilla en sus países vecinos.
Se cuenta un dramón, la historia de una familia desestructurada en los 70. Todo esta visto desde los ojos de un niño de 11 años que se cree muy listo. En esto se parece un poco a El Niño del Pijama de Rayas, pero en éste caso el humor se reduce y el niño es menos ingenuo y forma parte importante en la tragedia.
El padre es un enfermo mental manipulador con oscuros deseos por su hija y tendencias suicidas. Odia estar tan poco reconocido socialmente y que su trabajo esté decayendo.
La madre hace tiempo que se rindió y prefiere hacerse la loca ante todos los problemas de su familia.
El hermano mayor estudia para ser arquitecto y hace tiempo que el odio hacia el padre le hizo abandonar el hogar.
La hermana está siendo torturada psicológicamente por su padre, que la maltrata y la aísla de los demás.
El niño pequeño y narrador es el cómplice de su padre, que hace todo lo posible porque esté contento.
Ante este panorama, el cabeza de familia empieza a tener cierto reconocimiento en el pueblo debido a su gran capacidad para hablar en los funerales. El pobre hombre es feliz haciendo llorar a los demás, porque así se siente superior a ellos. El niño no dudará en hacer todo lo posible porque su padre siga hablando en funerales.
Bien, la aparente complejidad de la situación no es para tanto debido a la correcta presentación de los personajes. El inicio no se hace pesado y ayuda a darse cuenta de la situación. Desde ese punto, la película sigue un in crescendo inquietante que llena al espectador del drama que sufren los personajes y llega a comprender psicológicamente el sufrimiento de aquellas personas ficticias que aparecen en pantalla.
Quizás todo la historia sea mentira, pero los sentimientos no lo son. Es muy dura, y muchos piensan que el cine no es para pasarlo mal. No sé si los que afirman eso tienen razón, pero debe haber un límite en cuanto a sufrimiento humano en las películas.
El guión es muy bueno desde el punto de vista técnico. La trama es compleja y muy profunda. No es fácil contar la historia de un padre pederasta, y se hace un buen trabajo a la hora de dirigir la historia desde el punto de vista del niño. Incluso dicen que el guión tiene grandes dosis de humor para aliviar el drama social; pero yo esas partes cómicas me las debí perder.
La dirección y fotografía es deslumbrante. Sobria y fría consigue crear imágenes muy bellas, sobre todo en las escenas de exteriores. Los paseos en carretilla y los funerales son increíbles y la dirección ha tenido la mayor responsabilidad.
Los actores: casi perfectos. El niño, para ser tan joven, hace un trabajo genial, aunque quizás no hubiese venido mal un poco más de complicidad con el espectador. La madre representa uno de los personajes más difíciles y sale airosa, al igual que la hija. El padre, y con esto completo la familia, hace que le odie tanto que puedo decir que ha conseguido el objetivo.
Ahora bien, la película es una tragedia del principio a fin y sólo aquellos que estén dispuestos a sufrir durante una hora y media (o más) deben ver esta película tan bien hecha.
Sobrecogedora en todo momento, no llega a innovar nada; pero la técnica cinematográfica y la profundidad del drama familiar construyen una película bastante interesante.
Du Levande se llama esta película en el idioma original (sueco), pero el título ha sido traducido a varias lenguas. En inglés se conoce como You, the living y en Argentina La comedia de la vida. En este último lugar se ha estrenado el pasado 4 de septiembre. De momento no ha llegado a España aunque en algunas páginas de cine se está anunciando como próximo estreno. Seguramente se titule Tú que estás viviendo.
El film es sueco, del director Roy Andersson que es más o menos conocido en el mundillo del cine independiente europeo actual. En su país natal es muy alabado y se le compara con Kubrik, aunque bueno, la relación es casi nula y en todo intento de comparación acabaría perdiendo Andersson.
Du Levande ha ganado numerosos premios y se ha presentado en distintos festivales como el de Cannes, Londres o Chicago. La dirección se supone que es el mayor logro de esta película.
Si hablamos del guión, debo confesar que la película carece de argumento. Uno detrás de otro se suceden 50 cortos que cuentan una pequeña historia de un personaje distinto cada vez. Todas las escenas tienen algo en común. Por un lado están los focos fluorescentes que se ocupan de la iluminación, creando así una atmósfera gris e incolora. La cámara siempre es fija, se sitúa en un lugar y no se mueve ni utiliza ningún otro recurso. Cuando se cambia de historia, vuelta a empezar.
Los personajes que aparecen son irreales y absurdos (en el buen sentido de la palabra). Han desarrollado actitudes solitarias o incomprensibles ante los demás y así se encuentran solos y sin amor. El mundo que recrea Andersson es onírico, surrealista. La sociedad ha perdido el alma, se sustenta del trabajo y la alienación y sólo algunos nostálgicos prefieren crear lazos afectivos. De esta forma, mediante el onirismo y el esperpento, se intenta consolidar un ambiente sugestivo y subjetivo que evoque algo en el espectador.
Si les digo la verdad, no lo he entendido. Muchos pensarán que detrás de cada incoherencia se esconde un sentido metafísico y metafórico que sólo el director y unos pocos más pueden entender. Siempre queda la duda de si somos tontos los espectadores que no comprendemos. Muchas veces he pensado que sí, pero en este caso comprendo que entender esta película requiere demasiada fantasía e imaginación.
Todo está representado con mucho humor negro, sordidez y lámparas de IKEA. De vez en cuando, alguna ilustración del Quijote colgada en la pared hace un guiño al padre de la parodia. Algunos gags que se ilustran son realmente buenos, de verdad. Muy ingeniosas e inteligentes resultan algunas escenas, siempre absurdas, pero graciosas. También, algunas imágenes disparatadas acumulan una gran belleza. Aunque sólo sea por eso, el visionado del filme puede no ser una pérdida de tiempo.
La ironía, según he leído en periódicos, existe; pero yo todavía no la he encontrado. El carácter aburrido, monótono, gris y frío de los escandinavos se enseña de forma exagerada para así crear situaciones divertidas. Es por eso que a los nórdicos les encanta Du Levande, pero en el resto del mundo no se ha entendido bien ese humor plastificado.
El guión hay que admitir que es innovador. Esa estructura tan bizarra y algunos recursos postmodernos hacen que Du Levande sea bastante novedosa en cuanto a cinematografía. Pero no voy a caer en el craso error de alabar todo lo nuevo por el hecho de ser moderno. Una película debe tener mucho más que algún disparate contado de forma totalmente distinta a lo antes visto.
La primera media hora que es la que sumerge al espectador y le explica la estructura impactante y cómica. El problema es que quizás, se habría podido condensar toda la fuerza narrativa y visual en menos metraje; pero al forzar la hora y media de duración, la película en varios momentos llega a aburrir.
El reparto coral deja a los actores en un segundo plano. Alguno se desenvuelve con más gracia que otro, pero nada reseñable; y de todas formas, no me acordaría de sus nombres suecos.
No sé si llegará la película a España. Si llega, sólo se la recomendaría a amantes del cine nórdico y a espectadores con una capacidad artística y filosófica superlativa.
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