domingo, 12 de septiembre de 2010

El americano


The American, dirigida por el célebre fotógrafo Anton Corbijn y protagonizada por George Clooney llega a la cartelera nacional después de haber alcanzado el número uno en taquilla en Estados Unidos. Tengo la sensación de que todos los americanos que han ido a ver la película compraron la entrada pensando en otro tipo de producto. El cartel engaña.

Anton Corbijn me fascinó con su ópera prima, Control, donde recreó la vida de Ian Curtis. Esta vez se ha decidido por un thriller muy alejado de su anterior trabajo. Evidentemente, queda patente el sello personal del director. Cada plano está medido milimétricamente. Se nota su pasado como fotógrafo.

La idea de la trama es buena. Un mercenario en horas bajas decide esconderse en un pequeño pueblo de los Abruzos en busca de una nueva vida antes de que le encuentren las sombras de su pasado. El problema es que la trama no consigue estar a la altura del planteamiento inicial. Por un lado, el ritmo lento impide el clímax en las escenas de acción. Por el otro, los símbolos (mariposa, el hombre misterioso) que pretenden otorgar algo de originalidad son muy pedestres. Y lo peor de todo son los diálogos. Patéticos. Entiendo que el guionista quería retratar a los personajes con muy pocas palabras, pero no lo consigue. Reducir tanto las conversaciones hace que no te creas nada de la película, que sea todo muy poco natural.

El resultado final es tan irregular que termina por naufragar en tierra de nadie. Pero tiene cosas buenas. La banda sonora es magnífica. Y el paisaje queda fotografiado con gran maestría. George Clooney, actor protagonista y productor, está correcto. Al menos mucho más que sus compañeras de reparto, que se encuentran a la altura de un telefilm. Tampoco se pueden pasar por alto los guiños al público -más o menos evidentes- como la referencia al western o el “We no speak americano”. Imprescindible la versión original. No quiero ni imaginar cómo serán las voces dobladas imitando el acento italiano.

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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Cartas a Julieta

Una nueva comedia romántica. Estadounidense. Protagonizada por Amanda Seyfried, plagiándose a sí misma en el papel de tonta-ñoña. A esto hay que añadir las burdas referencias a Shakespeare (véase el título) y el hecho de que esté ambientada en la Toscana.

Con estas líneas generales, nadie en sus cabales es capaz de pensar que la película merezca la pena. Pero también llama la atención positivamente la inclusión en el reparto de Vanessa Redgrave y Gael García Bernal. La primera, fantástica actriz, consigue dar a su personaje una profundidad muy alejada del resto de protagonistas. Me encanta su mirada serena y su pausada forma de hablar. De Gael en cambio no puedo decir lo mismo. El mexicano parecía saber escoger sus proyectos. Esperemos que ésta sea la excepción que confirma la regla, porque probablemente nos encontremos ante el peor papel de su carrera. Repite los mismos gags sin gracia continuamente. No puedo soportar su hiperactividad a la hora de hablar y de moverse.

Las imágenes idílicas de la Toscana, a través de viñedos y de ciudades como Siena, Livorno o Verona no pasan del clip de agencia de turismo. Era de esperar. Como también es de esperar que la película sea tan previsible y excesivamente inverosímil.

De todas formas, uno se acostumbra fácilmente a este tipo de productos de consumo. Los continuos ataques a la inteligencia no están reñidos con la capacidad de entretener. En el fondo, puede llegar a enganchar en una tarde de domingo. Se pasa con rapidez, gracias a una correcta banda sonora. Eso es todo lo bueno que se puede decir: no se hace demasiado larga.



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viernes, 27 de agosto de 2010

Lope


Por fin llega a nuestros cines la producción brasileña-española sobre la juventud de Lope de Vega. Mucho se ha invertido en Lope y el hecho de que sea una película de época nos hace temer se trate de una nueva “alatristada”. Nada más lejos de la realidad.

En primer lugar, la cuidada estética consigue con aparente sencillez adentrarnos en la vida de un dramaturgo de finales del siglo XVI, sin perder un ápice de actualidad.
Igualmente, el guión se desenvuelve con gran ritmo centrándose en aspectos interesantes como son la lucha por la renovación del teatro o los valores sociales. Narra con contención las peripecias de Lope, sin excesivas peleas y persecuciones, lo que ese un alivio.

Las relaciones sentimentales en las que se centra la película resultan muy creíbles gracias al espléndido trdebajo de todo el reparto. Es indispensable hacer mención aparte al actor protagonista, Alberto Ammann. Tras su Goya al mejor actor revelación por Celda 211, el argentino demuestra que está a la altura de cualquier reto interpretativo. Junto a él, Leonor Watling y Pilar López de Ayala constituyen el triángulo amoroso.

Es cierto que la cinta está destinada a un público muy amplio y eso acarrea una pequeña falta de rigor histórico y filológico en la narración. De todos modos, no es un inconveniente serio. Por otro lado, el gran punto a favor es la utilización de los poemas de Lope de Vega. La fuerza que transmiten ha sido aprovechada al máximo, y es un gusto ver cómo todavía se mantienen en vigencia.

Ésta es una buena muestra del buen hacer (a veces) del cine español; quien lo probó lo sabe.


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sábado, 29 de mayo de 2010

Io sono l'amore (Yo soy el amor)


Película italiana producida por y para Tilda Swinton, dirigida por Luca Guadagnino (Melissa P). Cuenta la historia de los Recchi, una familia de la alta burguesía industrial de Milán que lucha por adaptarse a los nuevos tiempos sin romper con la tradición familiar.

Exactamente lo mismo que pasa con la cinta, que une la elegancia y la estética de los grandes clásicos italianos con elementos narrativos más modernos. Las interpretaciones son fantásticas, en especial, la de Tilda Swinton que, como era de esperar, sostiene toda la carga de la película. Para ello, tuvo que perfeccionar su ruso y su italiano.


Todos los detalles se mantienen extremadamente cuidados. Empezando por la dirección, un recital de planos secuencia, cenitales, contrapicados, etc. a la altura de un ambiente tan distinguido. Pese a que no soy un loco de la gastronomía, el decoro a la hora de mostrar las comidas (los momentos donde se desarrolla la trama) hace de esta película un regalo para todos los sentidos.


En resumidas cuentas, es un gran melodrama familiar, con una banda sonora maravillosa y una estética impecable. Además, el personaje femenino protagonista se perfila con una riqueza envidiable. Evidentemente, habrá quien no tenga tiempo de pararse a ver la magia de una película que se degusta lentamente.



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jueves, 27 de mayo de 2010

La familia Savages


Con dos nominaciones de la Academia y varios premios de cine independiente, se estrenó The Savages en el 2008 en España. Dos grandes actores protagonistas, Philip Seymour Hoffman y Laura Linney, prometían ofrecer una brillante tragicomedia sobre las dificultades de dos hermanos a la deriva para que su padre enfermo viva dignamente.

En un principio todo pinta bien. Los planos iniciales de una ciudad residencial para la tercera edad apuntan a una crítica al establishment americano como lo harían otras producciones independientes de la altura de Little Miss Sunshine o Up in the air. Los protagonistas, encarnados por dos actores en estado de gracia, están muy bien perfilados. Sus vidas fluctúan entre la tragedia y la amargura. Los diálogos están muy logrados, suenan a realidad. Además, el pequeño drama familiar se narra con un fino humor cercano a la ironía que en ocasiones resulta muy divertido.

Pero llega un momento en el transcurso de la obra, que algo falla. Una vez presentados los personajes y el primer nudo de trama, desaparece el ritmo narrativo. La trama se deshilacha y se vuelve previsible. La película se convierte en una sucesión de gags humorísticos más o menos acertados que alejan al espectador de la dura historia.

Una pena, porque la cinta no termina de perder la frescura inicial. Se consigue radiografiar esta familia desestructurada, pero se alarga demasiado. De todas formas, acierta a la hora de dar testimonio de la desoladora vejez con mucha delicadeza. Inteligentemente conmovedora.



lunes, 13 de abril de 2009

Man on Wire


Este pequeño documental de la BBC que cuenta la historia del hombre que cruzó las Torres Gemelas fue la sorpresa en la entrega de los premios BAFTA (los Goya británicos). Superando a “Slumdog Millionaire”, ganó el premio a mejor película británica del año. Era la primera vez que un documental lograba tal distinción.


Quizás es que no nos encontramos sencillamente ante un documental, sino frente a una nueva forma original de hacer cine, de contar historias mezclando recursos de todos los medios audiovisuales posibles. Con una fantástica banda sonora original, cogiendo imágenes del pasado, reconstruyendo escenas y con un gran montaje el producto final es extraordinario.


Se cuenta la historia de un acróbata francés, excéntrico hasta resultar patológico, que soñaba con cruzar las Torres Gemelas. Técnicamente, “Man on Wire” es perfecta. Utiliza muchos recursos cinematográficos como la polivisión, alterna escenas en color y en blanco y negro, y todo bajo la estructura clásica de un documental. Los personajes reales, se auto-interpretan en un justo equilibrio entre la técnica de los grandes actores y la espontaneidad de las personas reales que son.


Pero no es la forma lo que hace destacar esta película. Es la carga emocional de la historia, el suspense vertiginoso, las sensaciones que produce lo que hace tan especial esta historia tan bien contada. Y toda esta mezcla de técnicas, sensaciones e historias desembocan en un fantástico final donde los personajes que contaban sus anécdotas se convierten en personas y donde ese pasado tan fantástico se materializa y se hace real en el presente.


Aunque quizás se excede un poco en metraje, “Man on Wire” consigue ser original, preciso y conmovedor al mismo tiempo. Una pequeña obra de arte vertiginosa.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Cuatro vidas


Todas las películas se pueden dividir en dos. Las que se hacen con talento y las que no. A partir de ahí, la falta de talento se puede contrarrestar con mucha constancia y el talento se puede desaprovechar. Esta película no tiene talento (en ningún aspecto) y no ha sido bien trabajada.


En este caso, la película se titula en la versión original The Air I Breathe y se ha traducido por Cuatro vidas. Además esta película ya se grabó antes de los Oscar del año pasado cuando Forest Whitaker ganó la estatuilla, y ahora con el prestigio se ha estrenado en España. El filme nunca debería haber llegado a nuestra península. Nos habría ahorrado una hora y media de aburrida acción. Es curioso que ya hubiera salido en otros países en DVD, antes de su estreno en España.


Es lógico que no me ha gustado nada. No me gusta que me insulten, que me traten como a oligofrénicos, que intenten mandar mensajes estúpidos de forma subliminal. Todo lo que se ve es un absurdo, que me voy a poner a diseccionar ahora mismo; pero que no tiene mucho que explicar, porque me parece difícil encontrar algo medianamente bueno.


Últimamente, aquellos cineastas sin talento que citaba antes se dedican a plagiar sin pudor otros filmes con talento. No hablemos de influencias, por favor, cuando este filme es un ejemplo teórico de plagio. Coge trozos de Crash, Babel, Traffic, El Efecto Mariposa y prueba haber si sale algo con consistencia.


Todo está basado “presuntamente” en un proverbio chino que dice algo así como que la vida tiene cuatro fases: felicidad, placer, sufrimiento y amor. Las “cuatro vidas” de los cuatro protas simbolizan una de estas etapas. Qué curiosidad tan ingeniosa que ninguno de estos cuatro personajes tengan nombre. Sólo una de los protagonistas tiene un nombre ficticio, Trista (que creo que tiene algo que ver con triste/sufrimiento).

Las reflexiones calcadas de Crash, pero sin sentido, se disparan hiriendo al espectador. Parece que los personajes intentan ver quién dice la tontería más sensacionalista y pedante.


Tampoco podía faltar la acción. Ya saben, para las escenas de puñetazos, lo que hay que hacer es mover mucho muchas cámaras y consolidar mediante el montaje una reproducción de los hechos que maree. Después únicamente hay que añadir gritos. Así una detrás de otra, el pobre espectador que ha pagado su entrada y las palomitas comenzará a tener náuseas.


En otras ocasiones, es fácil adivinar todos los diálogos. Parece que el guionista se quedó sin “influencias” y tuvo que tirar de telefilmes para completar sus historias. Si no estuviera dispuesto a destripar la película, reconstruiría los hechos para que se pudiera apreciar lo absurdo que es.

Parece que otro tema que vende mucho son las reflexiones morales, las decisiones éticas tan difíciles de tomar y las citas filosóficas. No podían faltar entonces. La pseudo filosofía y una ambigua moral atacan persistentemente la conciencia del que vea el filme.


¿Qué más faltaba para que este subproducto cutre triunfara? Unos actores reconocidos, que además ha tenido su recompensa porque Whitaker ganó el Oscar ya hace dos años. La lista la encabezan el casi siempre infantil Brendan Fraser, Andy Garcia, Emile Hirsch, Julie Delpy, Whitaker, Kevin Bacon y Sarah Michelle Gellar (Sí, la poco agraciada actriz de la poco agraciada serie, Buffy cazavampiros). Quizás el único que se salva un poco es Whitaker, pero el resto está penoso. Me cuesta decidirme por los peores. Hirsch se ayuda de clichés para hacer el personaje de un niñato. Brendan Fraser pone cara de tontito en todas las escenas y Gellar no se queda corta. El resto está como ausente, porque por mucho que se haya pretendido, los actores no tienen todos la misma importancia.



Si tienen algo de amor propio, no vayan a verla.